Pero reconocer el pasado no basta si ignoramos el presente. Sé que el camino sigue siendo cuesta arriba; que las brechas salariales aún dividen y que la inseguridad les arrebata la paz en las calles que también les pertenecen. El grito de «Ni Una Menos» no es solo una consigna que escucho de lejos, es una exigencia de justicia efectiva que nos sacude a todos.
A las mujeres de mi familia y a mis amigas las admiro profundamente. Admiro su resiliencia, su fuerza para transformar el dolor en lucha y su capacidad de sostener el mundo mientras exigen uno mejor.
Hoy mi compromiso es escucharlas, respetarlas y caminar a su lado, no solo como testigo, sino como aliado en la construcción de ese México donde la paz y la igualdad dejen de ser una deuda para convertirse en una realidad.
*Históricas, valientes y eternas. ¡Todo mi respeto y cariño hoy y siempre! *
Con respeto y admiración Saúl Sánchez Salinas
