Mientras en otras partes de México se discute el bienestar animal, en Ixhuatlancillo se actúa como si el tiempo se hubiera detenido
Ixhuatlancillo, Ver.— En plena feria patronal, y como si el debate nacional sobre el trato digno a los animales fuera cosa ajena, en Ixhuatlancillo se sacrificó un toro durante los festejos, en un hecho que reavivó la polémica sobre prácticas que amplios sectores de la sociedad consideran ya superadas.
Los hechos ocurrieron el sábado 7 de febrero, durante actividades de la feria local, cuando se dio muerte a un toro ante la vista de asistentes. El evento se realizó sin explicación pública y sin que autoridad municipal alguna aclarara bajo qué criterios legales se permitió dicha acción.
El episodio contrasta con el cambio legal y social que vive el país. Desde 2013, han prohibido las corridas de toros, reflejando un rechazo creciente hacia la tauromaquia tradicional. A ello se suma que en 2022 un juez federal suspendió las corridas en la Ciudad de México, tras una demanda promovida por organizaciones defensoras de derechos humanos y animales.
Más recientemente, en marzo de 2025, el Congreso capitalino consolidó este giro al reformar su legislación para prohibir la violencia y la muerte del toro en espectáculos públicos, alineándose con el reconocimiento de los animales como seres sintientes, una figura jurídica que ya forma parte del marco constitucional de la Ciudad de México.
Este concepto no es menor. La llamada ley de seres sintientes, presente en reformas mexicanas y en legislaciones internacionales, establece que los animales no son objetos ni propiedad, sino seres vivos capaces de sentir dolor, estrés y emociones, lo que obliga al Estado y a las autoridades locales a garantizarles un trato digno y protección contra el maltrato.
Lo más llamativo no fue solo el sacrificio del animal, sino el silencio oficial. No hubo posicionamiento del Ayuntamiento, ni aclaración sobre permisos, supervisión o fundamentos normativos, como si el tema no mereciera explicación alguna ante la ciudadanía.
La feria terminó, el toro murió y la autoridad guardó silencio. Mientras tanto, México avanza —aunque sea de forma desigual— hacia un reconocimiento más amplio del bienestar animal. La pregunta queda en el aire: ¿Ixhuatlancillo piensa seguir celebrando como si nada hubiera cambiado o, al menos, empezar a explicar por qué se niega a hacerlo?
