Entonces el ángel le dijo: ¡No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios! He aquí concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David. Reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y de su reino no habrá fin.
(Lucas 1:30-33)
Mientras José reflexionaba al respecto, un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu mujer, porque su hijo ha sido concebido por el Espíritu Santo. María tendrá un hijo, a quien pondrás por nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.»
(Mateo 1:20-21)
Para María y José, Jesús era su hijo amado, un regalo que Dios les había dado. Pero ambos sabían que Jesús era mucho más que eso. Desde antes de él nacer, ellos sabían que Jesús venía con una misión incomparable: ¡salvar al mundo de sus pecados! Aunque lo vieron recién nacido, lo criaron, lo disciplinaron y lo alimentaron, ellos tenían claro que Jesús no era un ser humano cualquiera: ¡era Dios encarnado!
Nosotros también hemos oído de Jesús y necesitamos tener claro quién fue y quién es él. ¿Lo vemos solo como un personaje histórico importante? ¿Lo admiramos como un profeta ungido de Dios? ¿O hemos tenido una experiencia real con él y recibido la salvación, el perdón y la vida eterna que solo él nos puede dar?
La Biblia deja claro que Jesús es Dios y que en ningún otro hay salvación (Hechos 4:12). Sin embargo, este conocimiento no puede quedarse solo en la mente: necesita impactar el corazón. Tener un encuentro personal con Jesús transforma nuestra manera de vivir. Cuando lo reconocemos como Señor y Salvador, dejamos de depender únicamente de nuestras fuerzas y aprendemos a confiar plenamente en su gracia.
Jesús no solo vino a salvarnos del pecado, sino a caminar con nosotros cada día. Él quiere sanar nuestras heridas, darnos esperanza y ofrecernos una vida nueva que comienza aquí, ahora y se extiende por la eternidad.
Hoy, Jesús sigue llamándote, invitándote a conocerlo de manera personal y profunda. La respuesta a su llamado definirá tu fe y tu destino. Por eso, analiza hoy tu corazón y pregúntate con sinceridad: ¿Quién es Jesús para mí?
Buenos días, que hoy disfrutes de una Feliz Navidad con Jesucristo en tu corazón!!!!!!
